viernes, 19 de abril de 2013



[...] Desperté exaltada. Necesitaba verlo y mirar fijamente sus ojos para encontrar una sola respuesta a las ochenta y tres dudas, que surgieron en mi, la noche anterior. 
Antes de encontrarlo en el lugar de siempre, descarté toda posibilidad de que lograra responder con palabras lo mucho  que necesitaba aclarar; sin embargo, una pregunta seguía dando vueltas por mi cabeza y supuse entonces que era la que debía salir de mis labios en aquel momento.
Caminamos, pero mis pies se detuvieron en medio de tanta gente, sostuve su mano y lo miré. Las personas comenzaron a desparecer, mis dudas también, aquella idea que seguía intacta se empezó a alejar al ver que la contestación era demasiado evidente en sus pupilas. 
Sí, definitivamente quería lo mismo que yo. Quería caminar de la mano, acariciarme el pelo, sostener mi cabeza sobre su pecho, abrazarme y amarme... infinitas veces más. 

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