Esa canción le encanta. Y no es porque le recuerde a alguien o algo, simplemente le encanta.
Y, aunque, nunca ha creído en el destino, ni si quiera en las casualidades, está segura de que si huye, cualquier tarde melancólica, con intención de perderse y acaba en el bar más triste y cutre de la ciudad. Si sucede ese y entre tequila y tequila aparece un chico capaz de susurrarle al oído que está dispuesto a anestesiarla por dentro dónde nadie sabe verla, dónde nadie se ha atrevido a entrar; dónde dicen que hay peligro de derrumbe, dónde a veces siempre duele, dónde cuesta respirar. Si eso sucede, ese lugar, esa tarde, ese estribillo de esa canción. Si eso sucede entonces no será una simple casualidad.
Y desde ese momento ella solo querrá que para él asegurarse su sonrisa sea su rutina preferida.

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